Las cuotas de la medicina prepaga tendrán en marzo incrementos que, dependiendo del plan. se moverán entre el 11% y el 23%, según se desprende de las comunicaciones que reciben en estos días los afiliados y según confirmaron fuentes del sector a LA NACION. Considerando las subas que hubo en enero y febrero –y que fueron menos dispersas que las previstas para el mes próximo-, en el primer trimestre de 2024 los precios acumularán alzas de entre casi 100% y más de 120%.
Luego de las subas de alrededor de 40% y de entre 25% y 30% en el primer y en el segundo mes del año, prepagas como Galeno, Swiss Medical, Medifé y Omint informaron para marzo subas de entre 21 y 23%, en tanto que entidades como los hospitales de colectividad (Alemán, Italiano, Británico) y otras comunicaron incrementos de sus planes del 15% al 21%.
Los reajustes del trimestre fueron mayores a los porcentajes indicados en el primer párrafo en algunos casos en particular. Un caso es el de quienes tuvieron las cuotas congeladas entre octubre y diciembre de 2023, si las prepagas a las que están afiliados incorporaron a los precios de este año las alzas autorizadas en aquel período (y que sí se aplicaron en su momento en las facturas de quienes no cumplían los requisitos para el congelamiento o no hicieron la declaración jurada requerida).
Otro caso es el de quienes derivan al pago de parte de la cuota un aporte obligatorio que se mantuvo sin cambios; por ejemplo, los jubilados que, a través una obra social, derivan el aporte previsto para el PAMI -en rigor, un monto fijo, no igual a lo que se descuenta del haber- a cubrir algo del costo de su prepaga. Si esos montos no se movieron, entonces impactan en un porcentaje más bajo del valor total de la cuota.
Los aumentos de este año se vienen definiendo sin regulación por parte del Estado. El decreto de necesidad y urgencia 70, anunciado por el presidente Javier Milei el 20 de diciembre y publicado en el Boletín Oficial al día siguiente, derogó los artículos de la ley de prepagas que le daban a la Superintendencia de Servicios de Salud facultades para fiscalizar y garantizar “la razonabilidad de las cuotas de los planes prestacionales”.
Es decir, el Poder Ejecutivo liberó los precios y, en consecuencia, las empresas dispusieron aumentos mucho más elevados que los aplicados mensualmente el año pasado. El argumento es que, con las regulaciones antes vigentes, los reajustes no lograban cubrir el alza de los costos. El año pasado las subas de las cuotas acumularon un 137% (para quienes no tuvieron el congelamiento dispuesto en campaña electoral por el exministro de Economía, Sergio Massa), mientras que la inflación fue, según el Indec, de 211,4%.
Los directivos del sector apuntan que ese desfase y la liberación de precios llevaron al incremento de los valores en la magnitud establecida. E insisten en que falta recuperar terreno perdido. Del otro lado, los afiliados sufren un fuerte efecto negativo en sus bolsillos, que se suma al impacto que se venía dando ya en los últimos tiempos en la calidad de las prestaciones, con la salida de médicos de las cartillas, el cobro de copagos o bonos contribución no previstos en los contratos, las demoras en los turnos, o el congelamiento de los montos de reintegros.
Los ingresos de las personas afiliadas, además, tuvieron en muchos casos, recomposiciones muy por debajo incluso de las subas que las prepagas aplicaron el año pasado. Muchos jubilados y pensionados tuvieron en todo 2023 una recomposición de solo 110,9% -por la aplicación de la fórmula de movilidad previsional- y perciben este mes aún el mismo monto que en diciembre pasado. Es uno de los puntos evaluados en las medidas cautelares que se dictaron, con efectos individuales, a favor de quienes hicieron reclamos en la Justicia contra el DNU (concretamente, contra lo referido a los precios de las prepagas).
La primera medida que se conoció en ese sentido fue la firmada a mediados de enero por la jueza Martina Forns, de la Justicia Federal de San Martín, a favor de una jubilada de 78 años. Como en otras causas que se resolvieron luego, el fallo ordenó no aplicar los aumentos anunciados y, en cambio, facturar con las subas autorizadas en función del mecanismo que rigió en 2023. El porcentaje autorizado según esa modalidad fue de 6,76% en enero (en lugar del 40%), pero para febrero y marzo ya no hay valores de referencia, porque luego de emitido el DNU la publicación fue discontinuada.
La cuestión judicial comienza a preocupar en el sector, más allá de que los aumentos siguen siendo elevados, como también preocupa el efecto de una salida de afiliados, que se concentraría en la población sana y de menor edad; es decir, se irían, en mayor medida, quienes menos servicios demandan.
Según números elaborados por Hugo Magonza, presidente de la Asociación Civil de Actividades Médicas Integradas (Acami), entre 2020 y 2023 las cuotas de las prepagas subieron un 667%, mientras que el índice de precios al consumidor del Indec avanzó un 1140%, y los valores de los medicamentos aumentaron un 1750%. Solo en enero de este año, ejemplificó el directivo, el medicamento oncológico más utilizado se encareció un 39% mensual y un 514% interanual, en tanto que el precio de la gammaglobulina, que se indica para diferentes afecciones, se incrementó un 65% mensual y un 572% con respecto al primer mes de 2023.
El desfase entre el aumento de costos que se dio en los últimos años, por motivos que la incluyen pero que van más allá de la inflación, y los reajustes habilitados para las cuotas fue un tema muy conflictivo en la relación del sector y los gobiernos, como lo fue y lo es también el vínculo entre el sector financiador (las prepagas) y el de los prestadores independientes.
Los aranceles percibidos por los profesionales y los centros de prácticas de diagnóstico y tratamiento tienen un retraso en cuanto a sus montos, que, según advierten en entidades como la asociación de clínicas Adecra, se agrava por el tiempo que pasa entre la realización de las prestaciones y su cobro. Jorge Cherro, presidente de la entidad, especifica que, dependiendo del caso, se cobra en plazos de 30, 60, 90 y hasta 120 días, algo que, en un contexto inflacionario, lleva a una pérdida del valor muy significativa.
Tras aplicar subas de alrededor de 40% en enero a sus afiliados, las prepagas decidieron trasladar, en general, un incremento equivalente al 90% de ese porcentaje (es decir, un 36%) a los prestadores, siguiendo la regla que regía con los precios regulados. Pero ahora, eso depende de las negociaciones encaradas entre las partes en cada relación en particular, según dijeron a LA NACION varias fuentes de la actividad.
Es una de las principales causas de muerte en niños y adolescentes a nivel mundial, pero también una de las más curables bajo ciertas condiciones. En Argentina más de 1.300 chicos son diagnosticados con cáncer cada año.
El cáncer es la segunda causa de mortalidad en niños y adolescentes a nivel global, luego de los accidentes, ya que afecta anualmente a cerca de 274.000 jóvenes de entre 0 y 19 años. En las regiones de América Latina y el Caribe, se estima que aproximadamente 30.000 menores de 19 años son diagnosticados con esta enfermedad cada año y casi 10.000 pierden la vida, de acuerdo con datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
En el ámbito del cáncer pediátrico, se han observado avances significativos en los últimos años, particularmente en el tratamiento de la leucemia aguda, que ha incrementado la tasa de sobrevida a 5 años por encima del 70%, de forma tal que la mayoría de los pacientes logran una cura completa. Del mismo modo, se han registrado mejoras en el abordaje de tumores sólidos mediante la aplicación combinada de radioterapia, cirugía y quimioterapia, lo que ha generado un aumento de las posibilidades de supervivencia a largo plazo.
El espectro del cáncer infantil abarca una variedad de tipos. Los más habituales son la leucemia, el cáncer cerebral, el linfoma, el neuroblastoma y el tumor de Wilms, dijo la OPS. A pesar de los progresos, es crucial la detección temprana para mejorar los pronósticos de los pacientes, lo cual puede ser logrado mediante un examen médico meticuloso y la escucha activa a las preocupaciones de los padres, según recomendó la OPS.
Siguiendo con la misma información oficial, existe una notable disparidad en las tasas de curación entre países de ingresos altos, donde más del 80% de los niños con cáncer logran curarse, en comparación con los países de ingresos medianos y bajos, en los cuales la tasa de curación ronda aproximadamente el 20%. En estos últimos, la mortalidad infantil por cáncer es atribuida frecuentemente a fallos en el diagnóstico, errores o tardanzas en el mismo, dificultades de acceso a la atención sanitaria, abandono del tratamiento, muerte por toxicidad y altas tasas de recaídas.
Los datos globales de la OPS/OMS coinciden con los de Argentina en cuanto a que en el país, con diagnóstico precoz y tratamiento oportuno, el 80% de los cánceres en la infancia se curan, según un informe difundido por el Hospital Juan Garrahan de la Ciudad de Buenos Aires.
Según expertos de ese centro de salud, el cáncer infantil es una enfermedad poco frecuente. “En Argentina, el 80 por ciento de los niños y niñas con cáncer se atienden en el sistema público y el 40 por ciento lo hace en el Garrahan”. El “acceso a la atención clínica y el seguimiento” son la clave “para mejorar los índices de sobrevida”.
“En Argentina, el cáncer afecta a 1.340 niñas y niños por año. De esa cifra, el 80% se atiende en hospitales públicos y cerca del 40% lo hace en el Hospital Garrahan. Así, el Centro de Atención Integral del Paciente Hemato-Oncológico (CAIPHO) diagnostica y lleva el seguimiento de unos 520 pacientes al año”, indicó el centro de salud. Por otra parte, dijo que la clave para mejorar las tasas de sobrevida del cáncer, es “la detección temprana y el tratamiento oportuno son fundamentales”.
“El porcentaje de sobrevida es alto siempre y cuando se realice un diagnóstico oportuno, es decir, precoz, preciso y que se administre un tratamiento en tiempo y forma, ofreciendo un cuidado clínico pediátrico que acompañe el tratamiento y su seguimiento”, aseguró Pedro Zubizarreta, jefe de Hemato-Oncología.
Un ejemplo de esto es el caso de Camelia, de 9 años, residente en Longchamps, provincia de Buenos Aires. La niña fue diagnosticada en el Garrahan a los 7 años con rabdomiosarcoma —un tipo de sarcoma que afecta los tejidos blandos—, tras un cuadro de gripe y diez días de antibióticos sin resultados. “Fueron meses difíciles, de mucho sacrificio y paciencia, pero contamos con todo el apoyo del equipo de salud, la familia, amigos y la comunidad”, contó Sergio, su papá.
Camelia terminó su tratamiento en diciembre pasado y hoy lleva adelante controles de rutina. Sus médicos cuentan que tiene mucha energía: pinta, toca el piano y está ansiosa por comenzar su cuarto grado luego de dos años de cuidados especiales. Verónica, su mamá, dijo que “tanto los médicos como enfermeras y profesionales de salud mental estuvieron y están para cada duda o inquietud que tenemos. Estamos muy agradecidos”.
El abordaje de estas enfermedades requiere de un trabajo interdisciplinario y en red con los centros del país. “La presencia del Estado fue indispensable para llevar adelante un trabajo que reflejó su éxito disminuyendo la mortalidad en los últimos 20 años”, destacó Zubizarreta al respecto. “Este Hospital ha sido evidentemente un motor en el desarrollo de la especialidad en cada región de la Argentina y en el logro mencionado”, afirmó el oncólogo.
Tras la reglamentación de la Ley de Oncopediatría, el Hospital pasó a cumplir un rol fundamental en la articulación con los centros de salud de todo el país con el objetivo de disminuir la morbimortalidad por cáncer de la población pediátrica. El trabajo en red surgió como necesidad para ofrecer una atención de calidad para todos los pacientes del país con estas enfermedades. “Esto lo venimos realizando hace varios años desde el Hospital, potenciando este trabajo en el presente por la promulgación de la Ley de Oncopediatría en 2022, que fue votada en forma unánime por el Congreso de la Nación y reglamentada por el Poder Ejecutivo en 2023″, concluyó Zubizarreta.
La normativa busca garantizar la equidad y el acceso gratuito, adecuado y oportuno de la cobertura sanitaria, con un enfoque integral y de derechos en todas las fases de la enfermedad. Desde los aspectos médicos del diagnóstico, el tratamiento, el seguimiento hasta el acompañamiento de las familias de los pacientes otorgándoles una licencia laboral, un apoyo económico, transporte y vivienda.
La Fundación Natalí Dafne Flexer, una organización sin fines de lucro que promueve el acceso al tratamiento a los niños, adolescentes y jóvenes, lleva adelante una serie de iniciativas centradas en la sensibilización y la recaudación de fondos para ayudar a los pacientes oncológicos.
La campaña Ponete La Camiseta®, creada por la fundación hace 22 años, convoca a vestir una camiseta blanca o la oficial de la campaña este 15 de febrero, en el marco Día Internacional del Cáncer Infantil. Este gesto simbólico de llevar sobre el pecho las caritas de los nenes que luchan contra las enfermedades oncológicas busca crear conciencia sobre la lucha contra el cáncer en menores y respaldar las actividades de la fundación para mejorar las condiciones de tratamiento y soporte para los pacientes y sus familias.
Lo recaudado por la campaña será destinado íntegramente a la construcción del área de atención para adolescentes con cáncer en el Hospital Posadas, que tendrá 600 metros cuadrados divididos en un sector de Hospital de Día y otro de Internación.
“Se trata de un proyecto innovador que permitirá que los adolescentes y jóvenes reciban, en un espacio acorde a sus necesidades, la atención conjunta de oncólogos pediátricos y de adultos, logrando una importante mejora en la calidad de vida y un incremento en sus posibilidades de sobrevida y curación”, resaltó Leticia García, directora ejecutiva de Fundación Natalí Dafne Flexer.
| Fuente´: www.infobae.com
Tengo café común o uno de Colombia que me regalaron”, dice Felipe Maglietti, mientras invita a pasar a su consultorio en la calle Mansilla. Es un departamento amplio, con un decorado sobrio y en la sala de espera no hay televisión, solo unas revistas de interés general. Maglietti es un médico joven (39 años). El campo académico ha destacado sus investigaciones para tratamientos oncológicos y su último galardón lo obtuvo en 2022, en el Congreso Mundial de Electroporación que se desarrolló en Dinamarca. En ese encuentro recibió un premio a la medicina aplicada por los aportes que realizó para fomentar una terapia innovadora basada en la electroporación, destinada a tratar el cáncer.
“Es una tecnología que, a partir de la aplicación de un campo eléctrico, puede abrir poros en las membranas celulares. Es lo que se llama una plataforma tecnológica y se utiliza con diversos fines: industria alimentaria, procesamiento de alimentos, biología y en medicina. Dentro de la medicina, entre todas sus variables, se usa para el tratamiento de tumores. Lo que se logra es que esos poros de la membrana celular permitan la entrada de la quimioterapia sin tantos efectos adversos. Este tratamiento se utiliza de forma rutinaria en Europa desde 2006 y en nuestro país desde 2020″, explica a LA NACION.
Y agrega: “Es una terapéutica que constituye un escalón más de tratamiento, cuando las terapias convencionales no funcionaron. Si el paciente tiene un cáncer, comienza con una primera línea de tratamientos. Puede ser cirugía, quimioterapia, radioterapia, la opción que sea. Si no tiene buena respuesta con eso, o la propuesta de tratamiento le resulta inaceptable, la opción es hacer electroquimioterapia. Por ejemplo, en algunas terapéuticas el paciente tiene un tumor en la oreja y hay que cortarla, pero el paciente rechaza esta opción por más que se cure, la electroquimioterapia es una opción con muy buenos resultados”.
Maglietti es doctor en medicina Summa Cum Laude de la Universidad de Buenos Aires e investigador del Conicet en la Fundación Barceló. En 2009, justo antes de terminar su carrera universitaria, empezó a investigar sobre esta terapia con electroporación, junto con un equipo interdisciplinario integrado por veterinarios, ingenieros, biólogos, matemáticos, químicos y presencias internacionales, como el catalán Luis Mir, que descubrió esta técnica de tratamiento.
“Trabajamos varios años hasta que logramos introducirlo en la medicina veterinaria junto con Matías Tellado, el veterinario del grupo de investigación. Ahí tratamos perros y gatos con tumores espontáneos y empezamos a notar excelentes resultados. Luego de varios años de publicaciones en oncología veterinaria surgió la posibilidad de que la empresa nacional Biotex desarrollara el primer electroporador de grado médico de toda la región de América Latina y con la aprobación de la Anmat. Así empezamos a tratar pacientes humanos en 2020″, especifica.
¿En qué centros se reciben los tratamientos? Está disponible en el Hospital Ramos Mejía –”tiene su propio electroporador, que se compró por un proyecto del Ministerio de Ciencia”–, en el hospital Petrona Cordero de San Fernando, el Instituto Ángel H. Roffo, y dentro de los privados, se está desarrollando en el Sanatorio Otamendi y la Clínica Adventista de Belgrano. “Antes, cuando un paciente nos escribía por este tratamiento, teníamos que decirle que debía viajar a España, Francia o Portugal, pero hoy en día tengo la satisfacción de poder decir que pueden ir al hospital Ramos Mejía o al Cordero. Sin nada que envidiarle a ningún centro europeo”, dice.
“La constancia hace que la mayoría de las cosas sucedan. Uno puede tener muchos talentos y destrezas, pero si no tiene constancia es difícil acceder. En la ciencia es igual”
Su expectativa es que en poco tiempo pueda desarrollarse a nivel nacional. “Estamos en contacto con médicos de Santa Fe, Misiones, Río Negro, que tienen interés en adoptar esta tecnología. La capacitación está; los equipos, también. Es cuestión de que vaya recibiendo la difusión que se merece”, dice y argumenta sobre algunos de sus beneficios.
“La electroquimioterapia, más allá de lo novedoso, permite ahorrar recursos. Es ambulatorio y en una sola sesión muchas veces se resuelve o disminuye ese tumor. Mi proyección es que esté en todas las provincias”. Y sostiene que “con este tratamiento, uno suele tener una tasa de respuesta del 80%. Eso quiere decir que los tumores desaparecen o se reducen, como mínimo, un 50% del tamaño inicial”.
Maglietti practicó varias artes marciales. Principalmente, karate y pakua. “Esta última la hago hace 27 años. Siempre me gustaron las artes marciales, no solo por la disciplina, sino por la parte filosófica. Cultivan el autocontrol, el respeto”, dice. Le interesa, también, por la posibilidad de enfrentar situaciones “con otra seguridad. Cuando una persona sabe defenderse, inmediatamente tiene una actitud más segura de sí misma. Por otro lado, tener el conocimiento de una disciplina que te da cierta fortaleza y capacidad de agredir hace que se desarrolle tu capacidad de controlarlo y ser responsable con eso que sabés”.
El doctor comenzó a dar clases de artes marciales en el año 2000. Los primeros alumnos eran todos amigos suyos. “Desde ahí no paré nunca más. La constancia hace que la mayoría de las cosas sucedan. Uno puede tener muchos talentos y destrezas, pero si no tiene constancia es difícil acceder. En la ciencia es igual. La constancia de estar trabajando, pensando y desarrollando es lo que te lleva a realizar nuevas cosas, a crecer y avanzar. Si uno ante la primera dificultad se amilana y cambia, pierde posibilidades. Por supuesto que, si uno se da cuenta de que el camino no es el correcto, tiene que cambiar; pero si está convencido, la constancia es el arma más fuerte que puede esgrimir”.
Maglietti coordina un grupo de investigación en la Fundación Barceló, donde se sigue desarrollando esta forma de tratamiento con el objetivo de que se pueda aplicar en varias ramas de la medicina. “Próximamente en cardiología”, adelanta. Además, capacita a médicos que quieran indicarlo o directamente hacerlo. “Lo novedoso es que ahora hicimos la primera edición del curso de capacitación para poder hacer e indicar la electroquimioterapia como tratamiento. Una vez que el médico está en conocimiento de esta herramienta, se trata de que la institución decida incorporar el equipamiento y listo”, explica.
Ha recibido varias propuestas de otros países para viaje a investigar y desarrollarse científicamente, pero siempre las rechazó convencido de que acá también iba a poder hacerlo. “Es una gran satisfacción investigar en mi país y devolver todo lo que invirtió en mí en materia de formación y de recursos. Qué mejor forma de retribución que quedarme acá y desarrollar una tecnología que está solo en Europa, y que, gracias al trabajo de todo el grupo de investigación, ahora somos el primer y único país de la región que cuenta con este tratamiento”, dice.
“Por un lado, está el médico de un hospital público, día a día peleándola con la escasez de recursos y, por otro, el médico que trabaja con los máximos recursos que pueda disponer”
Y tras algunos segundos de silencio, agrega: “Investigar en la Argentina es algo perfectamente posible. El Conicet es un organismo de ciencia muy prestigioso a nivel latinoamericano y mundial. Si no me equivoco, está primero en América latina y número 80 en el mundo. Es una jerarquía muy importante a nivel publicaciones”.
–¿Se nota mucha diferencia entre los médicos de “antes” y los de “ahora”?
–Las realidades de los médicos en la Argentina son muy diversas. Por un lado, está el médico de un hospital público, día a día peleándola con la escasez de recursos y, por otro, el médico que trabaja con los máximos recursos que pueda disponer. Más allá de eso, mi percepción sobre esta profesión es la de contar con el conocimiento suficiente para poder ofrecer al paciente lo que mejor se adecúe a sus necesidades. Por supuesto, sin perder de vista que hay tratamientos de primera línea, pero el paciente es un individuo. Tiene expectativas, miedos y, muchas veces, una opción de tratamiento puede ser muy buena, pero no es la mejor para ese paciente. Cuando uno maneja o domina la especialidad que le toca, puede establecer un abanico de posibilidades, perspectivas y contención. Muchas veces las enfermedades tienen cura y otras no, pero el hecho de estar en contacto con esa persona que está preocupada, buscando una solución, genera alivio. El afecto y la contención que el médico tiene que brindar día a día es muy importante. Más que una palmada en la espalda es una contención calificada, es una palabra de aliento, pero con un fundamento y un respaldo científico atrás.
– Entonces, ¿se fue perdiendo la calidez humana entre el médico y el paciente?
–Nuestro país, lamentablemente, se caracteriza por retribuir económicamente mal a los médicos. No de todas las especialidades, por supuesto. Muchos saben administrarse económicamente y ganar dinero. No estamos hablando de lucrar, estamos hablando de ganar un sueldo digno y de atender a un paciente con el tiempo que corresponde. Creo que ningún médico está feliz de atender un paciente en cinco o diez minutos y despacharlo. A veces es una necesidad que viene dada por una altísima demanda. En un hospital público, donde hay cientos de pacientes, la atención exige que sea más rápida, cuando lo ideal sería tener el doble o el triple de médicos con sueldos adecuados, entonces ahí cada médico podría dedicar más tiempo en la atención.
Maglietti pregunta si el café está muy caliente. Ofrece galletitas. Antes de responder cada pregunta, se detiene unos segundos y piensa. Habla con orgullo de la vocación que eligió, aunque confiesa que al principio estuvo en duda con la carrera de ingeniería electrónica. Hasta decidirse del todo, hizo las dos carreras en paralelo, pero en tercer año de ingeniería plantó bandera y se quedó en medicina.
Pero no solo le confiere tiempo a la investigación y a su profesión de médico, también es maestro de pakua, el arte marcial de origen chino que propicia el fortalecimiento de los valores, la disciplina mental, la autoconfianza y el respeto por los demás. “Cuando tenés que esquivar una patada o una piña, te olvidás de todos lo problemas por un rato”, bromea. En su clase hay varios alumnos y ahí también aconseja sobre aspectos saludables que fomenten la armonía con la salud y la mente. Al hablar, las miradas van hacia él.
Antes de despedirse para no llegar tarde a la clase de pakua, recuerda una conversación familiar con la que termina de explicar la elección de su vocación. “Cuando hablaba con mi mamá le decía que quería ayudar a la gente y me pareció que la mejor manera era desde la salud”.
La relación de Maglietti con la Fundación Barceló tiene un arraigo particular. Conoció a Adrián Barceló, hermano de Héctor Alejandro Barceló –director de este proyecto que suma más de 50 años– por intermedio de su madre, gracias a una amistad que nació cuando cursaba el ingreso a la Facultad de Medicina. “Él (se refiere a Adrián Barceló) fue su profesor en ese curso y ahí se hicieron amigos”, cuenta.
Cuando la madre de Maglietti vio que su hijo se encaminaba a estudiar medicina, le presentó a Adrián Barceló y, al conocerlo, no dudó sobre la profesión que había elegido.
Se encontró en un lugar con una profunda vocación de formación médica, con sólidas bases científicas y raíces humanas. “Él me apadrinó la carrera –explica Maglietti sobre Barceló– y me orientó desde antes de que estudiara medicina. Después surgió la posibilidad de empezar como investigador en su facultad y ahí empecé a trabajar”, recuerda.
En sintonía con la explicación de su arraigo con este lugar, aprovecha para dejar una aclaración que profundiza el compromiso que maneja la institución por el desarrollo científico, la promoción de la salud y la prevención de las enfermedades: “Siempre me facilitaron todo. Desde ahí, el desarrollo de la técnica tuvo un impulso muy grande”.